Junio 09

El triunfo del personaje antagónico en Alejandro José López



“La deformidad del mal no disminuye la belleza del universo”. Umberto Eco, Historia de la fealdad.


El personaje antagónico es tan antiguo como la especie humana y está asociado al mal. En todas las culturas y cosmogonías primitivas ha estado presente. En el cristianismo, el Diablo es la contraposición de Dios, en el texto de la tribu amazónica Mágutá la gente pescada por Yoí (1998), los Ticunas tienen a Yoí, dios que pescó a los hombres, pero también a Ipi, que representa las fuerzas oscuras. El antagonismo se presenta en los mitos y culturas mencionadas como una fuerza malevolente, que no quiere al ser humano.

La novela, que se inaugura en occidente con Don quijote de la Mancha publicada en 1605, muestra un personaje inclinado a hacer el bien que quiere cambiar el mundo de la tiranía. El quijote, con ideales desgastados para la industria renacentista y la muerte del caballero medieval, es un loco, sin embargo, su virtud radica en luchar por la utopía de un mundo mejor, por creer en la justicia y la equidad, esto hace que el lector sienta empatía hacia el caballero de la triste figura y consciente o inconscientemente se solidarice con él. Con el pasar de los siglos la Modernidad y posmodernidad literaria han mostrado distintas características del personaje protagónico y antagónico. Mencionaré a Edgar Allan Poe (1809-1849), que enaltece el crimen y crea la atmósfera del asesino y su conciencia. Raskolnikov, el personaje principal de Fedor Dostoievski que inaugura la novela psicológica con su obra: Crimen y castigo, publicada por vez primera en 1866, asesina a una vieja usurera con un hacha.

El protagonista se muestra complejo. Al final Raskolnikov confiesa su crimen y es conducido a prisión. Lo importante es mirar como el personaje protagónico en la literatura empieza a cambiar y muestra dos tipos de personalidades; como lo hizo también Robert Louis Stevenson en 1886 en El extraño caso del señor Jekill y Míster Hide.

En nuestra cultura colombiana, donde la literatura ha tenido diversos momentos, desde una literatura costumbrista, pasando por la novela con matices románticos, del realismo mágico garciamarqueano hasta finalmente desembocar en géneros híbridos y proteiformes, surge entonces en un escritor de la nueva generación de autores vallecaucanos, una característica nueva, que devela al ser humano contemporáneo: el triunfo del personaje antagónico.

Alejandro José López, nacido en Tuluá en 1969, escribe Nadie es eterno, novela publicada por Sílaba Editores en el 2012. En esta obra, que cuenta la historia actual de un país sumergido en el narcotráfico y en el hambre insaciable, donde los colombianos asesinos matan a cualquiera por dinero, se muestra el triunfo del personaje antagónico.

Alejandro José López, escritor vallecaucano. Imagen: Escuela de Estudios Literarios - Universidad del Valle, http://estudiosliterarios.univalle.edu.co

Como una característica de la narrativa contemporánea, la literatura explora nuevos caminos y emerge en la prosa de Alejandro José el antagonismo aniquilante, el representante de lo malévolo triunfa y se impone. Es necesario mencionar que la novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal: Cóndores no entierran todos los días (1992), enmarca la violencia en Colombia de los años cincuenta y sesenta entre los partidos políticos: Conservador y Liberal. En esta obra aparece un personaje similar al triunfo de lo antagónico: Jesús María Lozano, alias el Cóndor. Sólo que al final de la obra el Cóndor es asesinado, por tanto el personaje principal muere. Nadie es eterno, es una obra que se construye desde distintos narradores, desde la visión de los personajes en primera persona, muy similar al estilo del escritor argentino Manuel Puig en El beso de la mujer araña (1976) donde se cuenta de forma natural, como si lo popular de la expresión renaciera en la novela; y desde un narrador que tiene la singularidad de ser omnisciente pero que en un habla particular predice lo que puede pasar, veamos: “Tan pronto como el sol empieza a alejarse, sentís la frescura. El cielo se va tiñendo de rojo y se vuelve otra cosa porque a esta hora todo es movimiento, en especial por las garzas. Pasan tantas que ni si quiera podés contarlas cuando van de regreso a los guácimos plagados con sus nidos” (2012:25). En la cita se observa con las palabras: sentís y podés, una forma característica de una comunidad de habla de los habitantes del Valle del Cauca, sin embargo, el autor logra estetizar la expresión mediante la imagen del sol, lo rojo y las garzas de forma descriptiva, casi romántica.

La obra se enmarca principalmente sobre la vida de dos personajes, Alberto y Pacho Tiro, el primero es un hombre del común, tiene una novia llamada Claudia y una madre de nombre Alba Matienza, la cual es una bruja contemporánea y hace trabajos para don Armando, el jefe de la banda criminal de Tuluá, Valle del Cauca; el segundo personaje es el antagónico: Pacho Tiro, un asesino despiadado que venga la muerte de su padre cuando apenas contaba con 16 años y es reclutado por don Armando para trabajar bajo sus órdenes. Pacho Tiro en una riña de barrio golpea a Alberto y a su amigo Jacinto, desde esa trifulca, Pacho Tiro queda resentido con Alberto. Alguna vez Alberto tuvo la oportunidad de matar a su antagónico, sin embargo se acobarda, la ética humanista se lo impide.

Pacho Tiro, más adelante asesinará y picará despiadadamente a Alberto, a su madre y a su novia. Al final de la obra nuestro personaje antagónico asesina a su jefe don Armando. Pacho Tiro nunca encuentra la muerte, por tanto, el mal alcanza el poder, el personaje antagónico triunfa y no se redime ante los buenos. Al culminar la novela, el narrador muestra en una imagen estética como Pacho Tiro asesina a unos jóvenes sicarios que al parecer nacen sin alma y sin miedo, en una sociedad violenta y de nadie:

Los críos sienten el arribo del que se para al borde del nido, y salen a recibirlo pidiéndole alimento. Pero el que acaba de llegar es el gavilán. Comprenderás que esté hambriento, porque a eso ha venido. Los diestros picotazos resultan insalvables, y cada arremetida es más sangrienta que la anterior; así que los pichones del picabuey no tienen opción alguna. El gavilán se toma su tiempo para destrozar los cuerpos, para disfrutar del gran banquete. Y sólo se irá cuando el nido esté vacío y su apetito saciado (171).

Portada del Libro Nadie es eterno. Medellín: Sílaba Editores. López, Alejandro José (2002).

La metáfora del gavilán que devora a los pichones logra estetizar la figura del personaje antagónico. El instinto de destrucción que planteó Freud en El malestar en la cultura se reconoce en la obra del escritor vallecaucano. El psicoanalista disertando sobre el instinto destructivo del ser humano menciona: “En todo lo que sigue adoptaré pues; el punto de vista de que la tendencia agresiva es una disposición instintiva, innata y autónoma del ser humano; además, retomo ahora mi afirmación de que aquella constituye el mayor obstáculo con que tropieza la cultura” (1991:57).

Y es la cultura la que ha tratado de establecer ciertas normas éticas a través de la sociedad. Sin embargo el personaje antagónico de Alejandro José se impone y triunfa. Porque tristemente en nuestro país la violencia y la tendencia agresiva pasan por encima de la benevolencia y de la ética de una sociedad que se disuelve en el narcotráfico, la drogadicción y el asesinato sicarial. El personaje antagónico desata sus instintos asesinos y destruye según su naturaleza, se reconoce libremente sin ninguna norma social o moral, en términos freudianos, se desata el animal innato y agresivo que somos los seres humanos.

El triunfo del personaje antagónico en la nueva literatura vallecaucana nos lleva a pensar ¿Hasta qué punto la literatura refracta la sociedad? En un país con grandes desigualdades sociales, la novela finalmente cumple su función en un escritor sincero y sin ánimos del marketing comercial, devela la tesis de Kundera en El arte de la novela “El novelista no es ni un historiador ni un profeta: es un explorador de la existencia” (2009:36). Y esa existencia que se explora es el triunfo del personaje antagónico y despiadado, que asesina sin remordimiento y ocupa un lugar importante en los mismos cargos políticos del gobierno.

Bibliografía

Obra estudiada:
López, Alejandro José (2002). Nadie es eterno. Medellín: Sílaba Editores.

Obras citadas:

Freud, Sigmund (1991). El malestar en la cultura. Bogotá: Ediciones Esquilo
Kundera Milan (2009). El arte de la novela. Ciudad de México: Tusquets Editores
Obras referenciadas:

Camacho, Gonzales (1995-1996). Mágutá la gente pescada por Yoí. Bogotá, Cultura nacional.
Dostoievski, Fedor (1967). Crimen y castigo. Barcelona: Editorial Juventud
Poe, Edgar Allan (2002). Narraciones extraordinarias. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo
Puig Manuel (2002). El beso de la mujer araña. Buenos Aires: Alfaguara
Escrito por:

Jhon Walter Torres Meza, Investigador en literatura y Magíster en Literatura Latinoamericana de la Universidad Tecnológica de Pereira. En la actualidad es profesor de literatura en la Universidad del Valle, Sede Zarzal, y director del grupo de literatura Ítaca.

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